Entusiasmo y curiosidad, no las matemos

El entusiasmo es aquello que te hace sonreír cuando estás solo con algo que te encanta hacer, es aquello que te impulsa a levantarte cuando estás agotado y es aquello que parece da sentido en los días peores.

Hoy parece que los niños se entusiasman poco, ¿quizás porque tienen demasiado y sus sentidos están saturados? Seguro. Pero es que ese no es el entusiasmo verdadero. El auténtico pasa por asombrarse y alegrarse de las cosas que son más simples. De ver la vida como una sorpresa continua y asombrarse de lo que sí tiene de bueno.

Hoy en la entrevista de Radio que me han hecho (abajo el enlace por si la queréis escuchar) comentaba que vivimos en la sociedad del miedo. Que todo gira en torno al miedo, el consumo y los bienes que tenemos se suelen “vender” con el miedo. El miedo anula el entusiasmo.

Sin embargo, también hay muchas cosas buenas, muchas cosas con las que asombrarse y entusiasmarse.

Encontrar lo que realmente nos entusiasma hacer en nuestro trabajo y enseñar a los niños a hacerlo, pasa por dejar de tener aspiraciones irrealizables y sí tener sueños reales y alegría por lo que ya tenemos en nuestra vida aunque podamos también aspirar a mejorarla.

Y ¿eso cómo podemos enseñarlo? Aquí la pregunta mejor sería, ¿cómo lo haces tú? ¿Qué están viendo ellos?

Ayer noche cuando salí de trabajar en Madrid hablé con EyD por teléfono ya que no los iba a ver antes de dormir. Me contaron con “entusiasmo” lo que les había pasado ese día en el cole. Y yo por supuesto, les seguí con el mismo tono.

  • “Mamá hoy han venido unos magos a teatro y nos han enseñado unas cosas ¡muy chulas!”
  • “¿En serio? ¡¡¡no me digas!!!” (aquí no vale fingir ¿eh? que ya os veo venir…. 😉  )

Su tono de entusiasmo me lo trasladó y me hizo sonreír. Esas pequeñas cosas para nosotros que son enormes para ellos hay que valorarlas y celebrarlas. Si quitamos la emoción en esos ratos, aprenderán pronto a quitar la emoción de lo pequeño y a tener necesidad de cosas “más grandes” para llenar esa emoción. Por eso me encantó este artículo de menos regalos.

entusiasmo

El sábado en la pescadería observé una escena entre un padre y su hija que me entristeció. La niña observaba con curiosidad las pinzas de un cangrejo que se abrían y cerraban.

“Papá, ¿si te pilla una pinza de esas te hace daño?”

Con bastante impaciencia el padre le contestó:

“Hija yo qué sé, me haces cada pregunta…”.

La niña se quedó callada y yo pensé que teníamos a veces maneras inconscientes de matar la curiosidad (evidentemente no se hace a mala fe). ¿Qué tal esta otra respuesta?

“uy, no sé, parece pequeña la pinza, ¿tú qué crees? ¿hará daño?” -de esta manera podemos avivar esa llama de curiosidad que merece mucho la pena que no se apague para que no sean adultos faltos de interés por la vida y apagados ante los retos que presenta.

Como siempre, el lenguaje es clave. Cuidémoslo.

  • Acompañemos en su propio estilo de comunicar preocupándonos por conectar con ellos: mirar a los ojos a su altura, poner tonos de entusiasmo ante lo que cuentan, escuchar de verdad…
  • Hacer preguntas que aviven la necesidad de su mente de investigar, de buscar, de entusiasmarse ante los resultados: ¿qué te parece a ti? ¿tú cómo harías?
  • No juzgar de inicio lo que cuenten sino observar, callar y esperar: empatía. Básico para comprenderles y para ello, no hay que juzgar el mensaje a la primera y responderles, sino esperar, imaginar qué les hace decir eso y comprender.

¿Se os ocurre algo más?

hasta la próxima 🙂

Entrevista radio aquí 

p.d3: YA MI PRIMER LIBRO A LA VENTA donde trato estos temas y mucho más, información aquíhttp://www.esferalibros.com/libro/no-seas-la-agenda-de-tus-hijos/

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3 Respuestas a “Entusiasmo y curiosidad, no las matemos

  1. Hace tiempo se me ocurrió una frase con la que cada día estoy más de acuerdo, “no hace falta motivos para el entusiasmo, hacen falta personas entusiastas”. Comparto contigo que ser mayores es dejar de sorprendernos, el miedo a la falta de control, nos anula.

  2. Pingback: Sin miedo | Haz caso a Mamá·

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