Hipócritas

Vivimos unas semanas de noticias escalofriantes sobre la situación de una parte del mundo. Una oleada maravillosa de solidaridad ha aparecido a todos los niveles, y de todas las maneras. Los pelos de punta con las imágenes, con los testimonios…de algo, que los que estamos aquí, cómodamente en nuestra casa, en el fondo no somos capaces ni imaginar.

EyD miran la televisión con curiosidad y nos miran a nosotros para ver nuestras reacciones y comentarios. Intentan entender este mundo que parece se vuelve cada vez menos humano y también más solidario aunque sin embargo, no deja de ser un poco hipócrita. Y esto, lo captan.

Hace unos días, una tía mía vivió una situación terrible en su ciudad y que deja anonadado de hasta qué punto pueden llegar las personas y que por otro lado, choca con esta Gran Solidaridad que mostramos (con grandes focos para que nos vean bien lo solidarios que somos) con los que están ¿más lejos?

Mi tía, enferma, va con andador y se mueve con dificultad.

El otro día al subir al autobús solicitó sentarse en el sitio reservado para las personas con dificultad y la respuesta de la señora en cuestión fue: “Es que me mareo detrás”. Ante la petición de nuevo de mi tía diciéndole “me resulta muy difícil ir hacia atrás sin la posibilidad de caerme y se lo agradecería mucho”, la señora con malos modos se sentó detrás.

Y una vez se sentó, pasó algo que indigna a cualquier persona y que sin embargo, no esperas de esta sociedad tan solidaria. Mi tía comenzó a escuchar comentarios desde atrás de varias personas, que entre otras cosas, decían:

“Aquí todos pagamos lo mismo y tenemos derecho a elegir asiento”.

“Pues siéntate como puedas que tampoco es para tanto”

“Menudo morro”

…Y dejo de escribir las frases que escuchó, porque en este punto del relato, mi tía se echó a llorar y mi hija que la estaba escuchando (bendita empatía de los niños), se le llenaron los ojos de lágrimas.

Cuando bajó del autobús, se dirigió a la puerta del conductor y con nerviosismo le dijo:

“¿No debería usted haber puesto orden y decir que esos asientos están reservados para personas como yo? ¿No le ha parecido terrible lo que ha escuchado?”

Y la respuesta fue:

“Si hombre, para que me hubieran pegado a mi”.

Así que perdonadme, pero somos unos hipócritas, ¿con los de lejos sí y con los que tenemos al lado no? ¿No deberíamos enseñar estos valores de compasión con cualquier persona, comprensión, amabilidad y empatía y no dejarlo solo para lo que vemos en televisión, para las grandes catástrofes?

El lunes terminando un curso de liderazgo, los participantes (todos masculinos) me comentaban la dificultad de que exista solidaridad con otros colectivos en las empresas por ejemplo, con las madres trabajadoras. Muchos trabajadores se comparan con los beneficios y ventajas o privilegios que tienen ellas con respecto a ellos. La incomprensión es una gran dificultad para trabajar en equipo, esa manía de compararnos con los demás, anhelando lo que tiene el otro y yo no tengo, nos vuelve insolidarios y nos aleja de la cooperación.

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Así que en educar (y educarnos a nosotros los mayores) deberíamos incluir valores de:

  • Comprensión y empatía: “tu compañero hace cosas diferentes a como las haces tú, podemos comprender por qué lo hace si analizamos un poco lo que está viviendo, ¿no te parece?”
  • Admiración de la diversidad del otro: “es distinto a ti y eso hace que hagáis buen equipo, juntos conseguiréis más cosas que separados, ¿verdad?”
  • Cooperación: “El objetivo es grupal, no individual. ¿Cómo podéis cooperar?”

Que parece se ha perdido. Ahorraríamos casos de bullying, y otros tipos de acoso que tanto prevalecen hoy.

Me preocupa el mundo que vamos a dejar, así que otra asignatura pendiente.

Hasta la próxima :).

p.d: Aunque lo he puesto en las redes esta semana, aquí en esta entrevista a Ken Robinson aparece la “compasión” como habilidad fundamental del futuro, entre otras. No dejéis de verlo. 🙂

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5 Respuestas a “Hipócritas

  1. Justamente hoy estaba pensando yo que los docentes somos hipócritas. Porque no practicamos entre nosotros los valores que pretendemos inculcar a nuestros alumnos (empatía, respeto, solidaridad…), sino otros no-valores (como la envidia, el egoísmo…). Esto es actuar de cara a la galería (como lo que expones en tu artículo), hipocresía. Y, así mal vamos.

    • Gracias Pepe por tu comentario :). Este tema me recuerda a la mente de escasez o abundancia de la que hablaba S Covey. Si piensas que hay para todos o bien piensas que si alguien coge un “trozo de la tarta” ya no queda para ti. Esta manera de pensar genera lo que dices…sí, mal vamos.

  2. Ayer mismo hablaba yo de este tema con una amiga y le decía dos cosas que las personas no tienen en cuenta (o eso creo).
    La primera es que los valores para una perfecta convivencia hay que empezar a inculcárselos a nuestros hijos desde pequeños. En la familia, la guardería, el colegio…
    La segunda es que no podemos olvidar que en cualquier momento de nuestra vida podemos pasar de ser independientes a dependientes (un accidente de coche, una enfermedad…)
    Tengo una hija discapacitada de 31 años que nos dice con mucho humor: “En esta casa, cualquier día habrá 3 discapacitados” porque es consciente de que nosotros, sus padres, nos vamos haciendo mayores.

  3. Yo estoy de acuerdo con la mujer del autobús: -¡Todos tenemos el mismo derecho!…- Tan sólo me gustaría añadir un pequeño matiz a este derecho TODOS NO TENEMOS LAS MISMAS NECESIDADES y para garantizar los derechos de todos, tenemos que equipararnos según nuestras necesidades que por nuestras características sean obvias.
    Quizás esta mujer y algunas otras personas que puedan pensar como ella, viven sus necesidades tomando como referencia lo que hacen las demás personas, perdiendo la oportunidad de pararse a pensar que es lo que realmente necesita ella misma para poder funcionar y de esta manera pienso que resulta más complicado disfrutar de nuestras posibilidades y sentirnos bien. Esa manera de plantearse la vida, debe de generar una cantidad de mala leche en tu cuerpo inaguantable hasta para uno mismo.
    Este artículo que has escrito Noelia, es con mucha diferencia con el que más rabia y tristeza he sentido. A veces la empatía…duele.

    “No pretendo caminar delante de ti
    prefiero no caminar detrás de ti
    me encantaría ir a tu lado y para eso
    estoy dispuesto a ajustar mi zancada”

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