¿Decirles y dirigirles? No, cada vez menos.

A pesar de estar trabajando fuera aquí está el artículo semanal. Me encuentro inmersa en DISC estos días pero ya que la estamos relacionando con temas de comunicación, aquí va una situación de la comunicación con los niños que tanto me gustan. Al fin y al cabo, se podría aplicar igualmente si eres jefe o compañero de trabajo. 😉

Hay dos meses del curso escolar que me revuelven especialmente: septiembre y junio debido a no tener clase por la tarde y con las temperaturas que nos caracterizan en el Levante (¡sobre todo este septiembre!!!).

En mi caso, trabajo mucho en el despacho de casa, así que esas tardes los tengo por aquí y hay que alternar actividades y juegos hasta que se pueda salir a la calle sin que caiga el sol abrasador y que suelen ser casi las 7 de la tarde.

Así que llega la temida pregunta después de tantas horas: “Mamá, ¿a qué puedo jugar?”.

En nuestro deseo de acabar pronto (los adultos) y seguir con lo que estábamos comenzamos a sugerir mil cosas, ideas que no les convencen, claro…y así comienza una rueda en la que te asombras tú misma de la cantidad de cosas a las que jugarías tú, jaja.

Bien, no sirve para nada. 

En esto de ayudar a que las personas encuentren su propio camino abriendo posibilidades que no sabían ellas mismas (base de la práctica del coaching) está el arte de las preguntas que tanto he comentado otras veces y sí, en esto también funciona.

¿En realidad debo solucionar yo ese problema del juego? Pues francamente no, de esta manera siempre estamos aportando cosas que solucionen su vida y ¿cuándo asumen la responsabilidad? Pues cada edad en su momento. Y claro, esto es lo difícil…

Así que si la responsabilidad de jugar entiendo que la deben asumir ellos, porque en ese momento yo no puedo entrar a participar, debemos dejar que elijan y decidan, menos sugerir y más dejar a su aire.

El diálogo (absolutamente REAL) con mi hijo de 4 años quedó algo así al final…..):

a que jugar

Sé que la última pregunta parece absurda, pero no, no lo es. Porque abres la mente a otra posibilidad que él de por sí ha cerrado. Esa puerta sí se la abres y curiosamente, hace pensar….;).

Antes de esta conversación hubo el típico: “¡¡¡que no lo sé, dímelo tú!!”. Bueno, pues simplemente le dije que yo tampoco sabía y me acordé del artículo sobre lo sano que es el aburrimiento en los niños: aquí

Y al darme la vuelta y dejarlo sin más, entonces vio que no le quedaba más remedio que sacarse las castañas y se fue silencioso a su habitación volviendo a los minutos diciéndome que ya sabía a qué jugar.

Menos dirigir, más confiar en los recursos que van adquiriendo y más hacerles pensar y descubrir por ellos mismos las soluciones que quieren. Siempre pendientes nosotros, sí, pero dejándoles margen para que vayan abriendo su camino.

hasta la próxima. 🙂

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