El poder de elegir, CASO PRÁCTICO

“Somos libres de elegir nuestra respuesta a lo que nos pasa, voluntaria y honestamente. Y eso, proporciona un gran PODER”

Elegir

Uno de los libros que he leído estos días de vacaciones ha sido “El poder de elegir” de Annie Marquier. Es una profundización del primer principio de efectividad de Stephen Covey, “Sea proactivo” y no deja de reafirmar el gran impacto que puede tener en la vida de las personas que elijamos conscientemente nuestras respuestas al entorno en vez de ser marionetas de él.

Voy a contar el caso práctico de una chica a la que le dí el curso de Covey que se encontraba aplicando de manera consciente este principio (que es una manera de pensar) ya que se había comprometido a hacerlo comprobando las ventajas que podía reportar a su vida personal y profesional. No olvidemos que hasta que no se convierte en hábito, la aplicación del principio es consciente y con esfuerzo. Una manera de pensar no deja de ser un hábito que podemos cambiar.

La persona en cuestión me escribió lo siguiente ante una situación que acababa de vivir en su empresa:

“Estoy impresionada, todavía no sé cómo he podido hacerlo pero tengo que decirte que me siento estupendamente, con ¿PODER????..es una sensación tan extraña y tan buena a la vez. Voy a relatarte un poco lo que pasó para que puedas comprender lo que intento explicarte.

Mi compañera se despidió hace unos meses de la empresa de una manera no demasiado cordial, por llamarlo de alguna forma. Dejó su trabajo terminado pero sí es cierto que había proyectos en clientes que necesitaban continuidad al año siguiente y eso ella ya no iba a estar para solucionarlo. Precisamente se presentó la situación de que uno de esos clientes que había trabajado con ella, nos pidió un informe de las sesiones de trabajo con el equipo para presentarlo en una junta de accionistas. Querían conocer las intervenciones realizadas y sus impactos para valorar la continuidad.

Como ves, era bastante importante para nosotros porque nos podía garantizar el desarrollo de otro proyecto con este cliente el año que entraba.

Ante esta situación y desconocer lo que se había trabajado en detalle con el equipo y ser yo la que retomaba ese cliente, esperé a que pidieran a mi compañera la información que nos solicitaban porque yo apenas tenía.

Yo no hablé con ella por teléfono sino que lo hizo otra persona que me pasó el siguiente correo después de la conversación:

Hola, he hablado con X de este tema y me comenta que como tú hiciste el diagnóstico inicial y el cierre del proyecto, eres la más indicada para hacer el informe. Le he comentado que como ella hizo las entrevistas, igual tenía información importante para el informe. Pero me dice que no, que como el cliente lo que pide es la evolución, que la persona indicada eres tú. 

¿Tú nos podrías ayudar con esto? Nosotros no disponemos de otra información y X no está por la labor de informarnos de nada más. ¿Cómo lo ves? Es por cerrar este tema con el cliente cuanto antes.

Imagínate mi cara cuando recibí este correo, me sonaba a “apáñate guapa” y la ira me subía por el estómago de la manera más visceral posible. En ese momento, era todo emoción negativa. De hecho, si la hubiera tenido delante le hubiera dicho: Menuda manera de vengarte ¿eh?

Sin embargo, pasados estos primeros minutos de desconcierto llenos de ira contenida en los que alguna frase en plan ¡pero esta de qué va! salió de mi boca…me propuse conscientemente aplicar este principio y automáticamente me dije:

ok, esta situación es la que es, no es buena ni mala, es la interpretación que yo le de. No la puedo cambiar, pero ¿qué puedo hacer al respecto? ¿Cómo puedo aportar para solucionarla? Primero, estar cabreada lo dejaré para otra ocasión (no te imaginas esta parte lo que me costó pero me propuse dar esa orden a mi cabeza) y segundo, analizaré qué otra información tengo.

Automáticamente me dispuse a pedir ayuda a mis compañeros en concreto a mi jefe, escribiendo este mail:

Hola Y, supongo que estás al día del informe que ha pedido Z (el cliente), me falta bastante información como sabes, pero voy a ver qué se puede hacer.

Me gustaría pedirte…..(y el correo continuaba con peticiones concretas de información).

No juzgué a mi compañera, no quise hacerlo, sus razones habrá tenido para comportarse así, y al quitármela de la mente concentrándome en lo que yo podía solucionar y comenzando por escribir ese correo: ¡SUCEDIÓ LA MAGIA! Me embargó una sensación poderosa de manejo de la situación que es difícil de describir. Me sentí dueña y ¡¡¡libre!!! No te lo sé explicar porque tendrías que haberlo vivido como yo, pero si tuviera que definirlo en una palabra sería poder, satisfacción, tranquilidad, libertad.

satisfacción

No tengo nada más que añadir, esa sensación sólo se conoce cuando se vive, y a mí me ha pasado muchas veces en situaciones realmente complicadas. No tiene precio experimentar la libertad humana en el manejo de nuestro interior. Os animo a que si no lo hacéis ya, lo comencéis a probar.

Hazlo tú mismo (DIY):

  1. Ante una situación que te ocurra que te moleste especialmente, mírala con tranquilidad  y deja que venga la primera emoción que tengas, es válida, no la censures, algo te dice.
  2. A partir de ahí, pregúntate: ¿Hay algo que pueda hacer yo directamente?
  3. Si hay algo, Hazlo. Normalmente el autodominio de “yo elijo si me afecta o no” suele ser lo primero que puedes hacer.
  4. La sensación que tengas después, te animo a que me escribas y me la cuentes como hizo esta chica. Estaré encantada de leerla. Venga, ¡a probar!
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